Mi esposo me dejó en mi cumpleaños… y mis hijas aplaudieron-nana

La noche de mi cumpleaños número setenta me puse un vestido azul marino que llevaba años guardando en una funda de tela al fondo del armario.

No era el más caro que había tenido.

Ni el más llamativo.

Pero tenía algo que siempre me gustó: dignidad.

La tela caía limpia, sobria, sin necesidad de adornos excesivos, como esas mujeres que no necesitan entrar haciendo ruido para que todos sepan quiénes son.

Me miré en el espejo con calma mientras me colocaba un collar de perlas pequeñas, sencillo, antiguo, de esos que no presumen lujo, pero sí carácter.

Mi madre solía decir que cuando me lo ponía parecía una mujer difícil de doblar.

No una mujer fría.

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